El mayor fondo de inversión alerta del riesgo para el negocio inmobiliario de la escasez de agua en España

Casi la totalidad de las propiedades de las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria (socimis) españolas estarán en zonas de alto riesgo de escasez de agua en 2030, lo que podrá derivar en un aumento en el coste de los inmuebles.

Así lo refleja un nuevo informe que el fondo de inversión BlackRock —el mayor del mundo— ha hecho público esta semana. En su estudio, BlackRock advierte de que para el final de esta década cerca del 60% de los activos de las socimis de todo el mundo estará en regiones con elevado estrés hídrico, o sea, en lugares donde la demanda de agua sobrepasará la disponibilidad natural.

Para llegar a estas conclusiones, los especialistas de BlackRock han geolocalizado cerca de 84.000 propiedades de estos fondos de inversión inmobiliaria en 74 países, y han comparado la localización de estos terrenos con los mapas de riesgo de estrés hídrico elaborados por el Instituto Mundial de Recursos (WRI, por sus siglas en inglés).

Los resultados revelan que los mercados de socimis que se verán más afectados por la crisis del agua en 2030 son los de Singapur, Hong Kong, España, Indonesia, Australia, Filipinas y Malasia.

En España, el segundo país con más socimis del mundo —solo superado por EEUU—, las inversoras inmobiliarias para alquiler existen desde hace apenas 11 años y disfrutan de beneficios fiscales como la exención de pagar el impuesto de sociedades, entre otros. A finales de 2019 estas sociedades controlaban en torno a 50.000 millones de euros en activos (viviendas, oficinas, locales comerciales, naves o plazas de garaje). Y, de éstos, cerca del 70% está en zonas altamente expuestas a la escasez de agua. Al final de la década, BlackRock calcula que el porcentaje ascenderá al 95%, aproximadamente.

A nivel global, la diferencia entre los suelos e inmuebles que están expuestos al estrés hídrico hoy y los que lo estarán en 2030 es mucho mayor. De media, la cifra se duplicará (el 30% actual pasará a ser el 60%), y se triplicará o incluso más en algunos países, como es el caso de Australia, Indonesia, Francia, Malasia, Filipinas o Hong Kong, entre otros.

Las consecuencias de esta nueva situación podrán traducirse, según el informe, en un incremento en los costes de los inmuebles. Algo que se deberá al aumento de los costes directos de la obtención de agua y también a la necesidad de gastar más en medidas de eficiencia mientras la regulación se endurece con criterios ambientales cada vez más estrictos para preservar este recurso.

Aunque los costes relacionados con el agua hoy en día “constituyen una mínima parte de los gastos de operación para un edificio tipo”, los autores auguran que “la adopción de medidas como el tratamiento de aguas residuales in situ, el riego inteligente y los sistemas de detección de fugas podrían convertirse en diferenciadores clave para los inversores que evalúan el rendimiento de una empresa en cuanto a la eficiencia del agua”.

El análisis de BlackRock también aborda de qué forma afectarán a otros sectores los riesgos financieros que acarrea la escasez de agua, que según el WRI ya sufre una de cada cuatro personas en el mundo y en 2030, agravada por la crisis climática y la creciente presión urbanística, la ONU estima que afectará a una de cada dos personas.

Inciden, por ejemplo, en las implicaciones que la falta de agua (o la sobreabundancia) tiene sobre el sector agrícola y el de la alimentación, resaltando el “vínculo directo” entre la disponibilidad de agua para el riego y el rendimiento de los cultivos. “La agricultura de regadío es, en promedio, al menos dos veces más productiva por unidad de tierra que la agricultura de secano, según el Banco Mundial”.

Recalcan además el desafío “serio” que el estrés hídrico comporta para el sector eléctrico, pues en EEUU hasta el 27% de la producción de electricidad resultaría “severamente impactada” por un aumento sostenido de estrés hídrico que se espera de aquí a 2030, como puso de manifiesto en 2017 un estudio publicado en la revista científica Nature.

Aún así, aclaran que no todo está perdido. “Posiblemente [el estrés hídrico] pueda ser mitigado a través de avances como una mejor irrigación y tratamiento de aguas residuales, y progresos en la eficiencia del agua y la desalinización. Sin embargo, estamos muy convencidos de que es un componente clave de los riesgos climáticos que, con el tiempo, serán cada vez más relevantes para los inversores. Esto sugiere que el momento de integrarlos en los procesos de inversión es ahora”.

Fuente: ElDiario.es (26/7/2020)

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